Salud y Nutrición.
 

Diabetes e Hipoglucemia

Los desequilibrios del azúcar en la sangre como las alteraciones basadas en la nutrición más importantes en el mundo occidental. La diabetes es una enfermedad importante por su propio derecho y un factor de riesgo muy importante para la coronariopatía.

El término “diabetes” se aplica en realidad a dos enfermedades muy diferentes. El tipo I es una enfermedad auto inmunitaria adquirida en la que se destruye la capacidad productora de insulina del páncreas; debe proporcionarse insulina a la victima para que sobreviva. El tipo II, la forma más frecuente, se caracteriza por elevaciones del azúcar en la sangre debidas sobre todo a la incapacidad del cuerpo para usar la insulina en forma efectiva (resistencia a la insulina).

 
 
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La mayoría de los diabéticos tipo II tiene niveles de insulina elevados y proporcionarles más insulina, una práctica médica frecuente, tan solo acelera las complicaciones cardiovasculares. Hasta el 40% de los estadounidenses tienen algunas características de esta alteración, las más frecuentes son: una producción elevada de insulina, resistencia a la insulina, tendencia a aumentar de peso e hipoglucemia.

Muchos de los mismos nutrientes pueden ser útiles para todas estas alteraciones, ¿Por qué? Porque el objetivo del tratamiento básicamente es el mismo: mantener su azúcar en la sangre dentro de los rangos normales ayudando al cuerpo a metabolizarla de manera más efectiva.

Aquí están los nutrientes que al mantener el equilibrio del azúcar en la sangre aliviarán o prevendrán la diabetes tipo II temprana, la prediabetes, y la hipoglucemia:

De mayor importancia

Importantes en forma moderada

Cromo 200-600 mcg

Vitamina C 1-2 gramos

Zinc 50-100 mg

Vitamina E 300-600 UI

Magnesio 300-600 mg

Carnitina 500-1000 mg

Ácido lipoico 150-300 mg

Vitamina A 10 000-20 000 UI

CoQ10 45-90 mg

Manganeso 25-50 mg

Biotina 2-4 mg

Mezcla de fibra mixta 10-15 gramos

Fórmula de aceites esenciales 7200 mg

Calcio 1000 mg

Selenio 100-200 mcg

Curcuminoides 400-1200 mg

B6 75-150 mg

Sebacato de cobre 2-4 mg

Cuando su objetivo es llevar el azúcar elevado en la sangre a sus niveles normales o reducir su dosis de medicamentos antidiabéticos, la siguiente lista deberá ser útil:

De mayor importancia

Importantes en forma moderada

Cromo 500-1000 mcg

Fenogreco 100-200 mg

Sulfato de Vanadilo 30-60 mg

Taurina 1500-3000 mg

Ácido lipoico 300-600 mg

Ácido fólico 2-4 mg*

CoQ10 90-180 mg

Bacterias benéficas ½ -1 cucharadita

Biotina 7.5-15 mg

Lisina 400-800 mg

Inositol 800-1600 mg

Cardo lechero 400-800 mg

Zinc 90-180 mg

Ajo 2400-4800 mg

Niacinamida 300-600 mg

Calcio EPA

DHEA 20-40 mg

 

*Las mujeres que necesitan reducir fobroides uterinos, prevenir recurrencias de cáncer de pecho o tratar endometriosis o senos fibroquisticos deben de mantener el complemento de ácido fólico por debajo de los 600 mcg.

La niacinamida será la más benéfica para los diabéticos tipo I, las dosis de DHEA deberán tomarse en forma ideal después de hacer exámenes de niveles de azúcar en la sangre y debe tomarse más que la cantidad recomendada si los niveles sanguíneos siguen bajos. El calcio EPA debe tomarse durante el inicio temprano de la diabetes tipo I (por lo general en forma intravenosa) bajo la supervisión de un médico. Además, recuerde que con la diabetes, la niacina y los complementos de aceite de pescado deben usarse con la guía de un médico, ya que pueden causar elevación del azúcar sanguíneo en algunos diabéticos. De manera ideal el vanadio deberá usarse también con supervisión médica.

Los vitanutrientes
La solución natural del Dr. Atkins Aprenda a curarse sin usar medicamentos convencionales.
Dr. Robert C. Atkins
Edit. De bolsillo
Págs. 402-404

Diabetes tipo II

Aunque la ciencia médica se ha mantenido alerta en su lucha contra las enfermedades infecciosas, se ha mostrado lenta en la aparición de nuevos enemigos a nuestras puertas: las enfermedades de la abundancia producidas por la longevidad y el estilo de vida. Este enemigo principal causa de muerte en el mundo desarrollado, es la diabetes mellitus, la epidemia del nuevo milenio. La gente generalmente subestima la diabetes al percibirla como un simple desequilibrio del azúcar que se corrige fácilmente con medicamentos. De hecho, es un trastorno médico complejo con serías implicaciones a largo plazo para la salud nerviosa y cardiovascular, así como para el buen funcionamiento de los riñones y la vista. Debido a que su expresión depende ampliamente del estilo de vida, incluyendo la dieta, el ejercicio y el control de peso, el manejo de esta enfermedad es complejo y desafiante. Existen dos tipos de Diabetes. Aproximadamente uno de cada diez diabéticos padece diabetes insulino-dependientes (DMID) también conocida como diabetes tipo I o diabetes juvenil. Los diabéticos tipo I carecen de la capacidad para producir la insulina necesaria para controlar su nivel de azúcar en la sangre. Sin embargo, el 90% de los diabéticos padecen diabetes tipo II, conocida como diabetes no insulino-dependientes (DMIND) o diabetes adulta. Las personas predispuestas a padecer diabetes tipo II generalmente producen mucha insulina y con frecuencia poseen elevados niveles de esta hormona en la sangre. El problema en este caso, radica en que el cuerpo presenta resistencia a la insulina.

Síndrome de Resistencia a la Insulina

Una gran variedad de síntomas relacionados marca el inicio de la enfermedad incluyendo presión arterial alta (hipertensión), niveles altos de triglicéridos (grasas) en la sangre, índices de colesterol alterados, endurecimientos acelerado de las arterias, proliferación de células en las paredes arteriales, desarrollo de obesidad abdominal y cambios adversos en los lípidos sanguíneos (glucosilación).

Los síntomas pasan generalmente inadvertidos hasta que ocurren daños irreversibles. Si no se somete a revisión un ciclo de hiperinsulinemia (altos niveles de insulina en la sangre) que vaya en constante crecimiento finalmente se presentará como una diabetes tipo II en toda su extensión. No todos los que presentan resistencia a la insulina desarrollan diabetes, sin embargo, prácticamente todos los que desarrollan diabetes tipo II comenzaron con resistencia a la insulina y el pronóstico es escalofriante: las personas que presentan resistencia a la insulina tienen un riesgo tres veces mayor de padecer enfermedades del corazón y de aquellos que desarrollan diabetes el 80% morirá por complicaciones cardiovasculares.

Estilo de vida y dieta

El desarrollo de resistencia a la insulina está determinado en gran medida por la dieta y el estilo de vida, más que predisposición genética. La exposición crónica a altos niveles de insulina (en parte consecuencia de las dietas altas en azúcares refinados) parece provocar que las células del cuerpo "desactiven” sus sistemas de reconocimiento de insulina. Como resultado, hormona ya no puede hacer su trabajo de llevar la glucosa a las células para su almacenamiento y en consecuencia, se desata un círculo vicioso de hiperglucemia (niveles anormales de azúcar en la sangre) que da como resultado niveles de insulina aún mayores (hiperinsulinemia) a medida que el páncreas lucha por corregir el problema.

Tanto el exceso de grasa abdominal como un estilo de vida que favorezca la obesidad también están relacionados con la resistencia a la insulina. Un estudio publicado en 1995 por el New England Journal of Medicine demostró que la predisposición a la obesidad visceral (acumulación de grasa abdominal) es asociada a una creciente resistencia a la insulina, precursor metabólico de la diabetes tipo II en toda su expresión. De hecho, uno de los factores que mejor pronostican la resistencia a la insulina es el sobrepeso, en particular el peso por encima de la línea del cinturón.

El tema central de si la obesidad causa resistencia a la insulina o si la resistencia a la insulina causa obesidad aún no está claro. Según Slagle (What is syndrom X ?), la producción excesiva de insulina lleva a la acumulación de grasa corporal en exceso, con la consecuete ganancia de peso, particularmente alrededor de la cintura, esta perspectiva, si bien es apoyada por otros científicos, no es aceptada universalmente. No obstante, una cosa sí está clara cuatro de cada cinco diabéticos son obesos.

El estrés crónico también es una señal profética del inicio a la resistencia a la insulina. El estrés produce una cascada hormonas al tiempo que el cuerpo responde psicológicamente a una amenaza percibida. Esto, a su vez, provoca el aumento de niveles de azúcar en la sangre, seguido por un incremento en los niveles de insulina en la sangre. Otros indicadores de riesgo que deben vigilarse incluyen la falta de ejercicio regular, niveles elevados de colesterol en la sangre, sed constante, orinar frecuencia, sentir la necesidad de consumir azúcar y una presión sanguínea elevada superior a 140/90.

Las investigaciones demuestran que el ejercicio vigoroso regular combinado con una dieta baja en índices glucémicos es la mejor y más rápida forma de superar la resistencia a la insulina. El ejercicio mejora la función cardiovascular, aumenta la habilidad del cuerpo para metabolizar la glucosa y reduce el estrés. La pérdida de peso, mediante ejercicio y dieta, está relacionada el regreso a niveles normales de resistencia a la insulina. De hecho, la pérdida de peso es la manera más efectiva de manejar la resistencia a la insulina y reducir el riesgo de desarrollar diabetes tipo II.

La perdida de kilos parece sensibilizar de nuevo a las células del cuerpo ante la hormona de la insulina. La pérdida de peso producida por el ejercicio estimula la producción de sitios receptores de insulina adicionales en las membranas de las células del tejido muscular y reactiva los sitios ya existentes. Esto aumenta la habilidad del cuerpo para utilizar la insulina existente y reducir la hiperglucemia crónica, normalizando así los niveles de azúcar y de insulina en la sangre.

El Final del juego

Si no se vigila, el consumo crónico de alimentos con altos índices glucémicos combinado con un estilo de vida sedentario tendrá como resultado un incremento gradual en los niveles de insulina en la sangre. Mientras el cuerpo lucha por compensarlos, el páncreas aumenta la producción de insulina para cubrir la demanda. En este punto los niveles de azúcar en la sangre - si bien son elevados-todavía pueden controlarse. A la larga, la carga impuesta al páncreas puede ser demasiada, provocando el desarrollo de células beta pancreática anormal y la consecuente pérdida de producción de insulina.

Una vez que se pierde este equilibrio, la producción de insulina se reduce rápidamente, aumentan los niveles de azúcar en la sangre y la hiperglucemia crónica da paso a una diabetes adulta total. Desafortunadamente, la mayoría de los diagnósticos y tratamientos surgen en una etapa muy tardía del juego. La intervención médica se presenta cuando las células beta ya han sufrido daños, generalmente al punto de ser totalmente disfuncionales.

La clave: el estilo de vida y la alimentación

La pérdida de peso, mediante ejercicio y dieta, tiene relación con el regreso a los niveles normales de resistencia a la insulina. De hecho, la pérdida de peso es la manera más efectiva de tratar la resistencia a la insulina y de reducir el riesgo de desarrollar diabetes tipo II.

Un reciente artículo publicado por la prestigiosa Clínica Mayo confirma que el tratamiento tradicional de la diabetes adulta se ha enfocado principalmente en normalizar los niveles de azúcar en la sangre más que atacar los factores desencadenantes. El doctor Ray Strand médico practicante y fuerte defensor del manejo de la enfermedad mediante la alimentación, argumenta que muchos remedios farmacéuticos utilizados para controlar la diabetes tipo II de hecho pueden incrementar los niveles de insulina en la sangre. Esto, a su vez, incrementa el riesgo de que el paciente diabético sufra enfermedades cardiovasculares. El Dr. Strand sostiene que "realmente se trata de un hilo común y estamos tratando el elemento equivocado [...] nos estamos enfocando en tratar los niveles de azúcar en lugar de tratar la resistencia a la insulina, que es el problema subyacente".

Controlar la resistencia a la insulina -no los altos niveles de azúcar en la sangre provocados por ésta-es la clave para manejar esta enfermedad. Sin embargo, el ataque de los factores desencadenantes de la resistencia a la insulina implica cambios tanto en la dieta como en el estilo de vida, y subraya la necesidad de un manejo de la enfermedad más natural y holístico.

Tratamiento mediante la alimentación

De lo que la mayoría de la gente no se ha dado cuenta es que un desequilibrio adecuado de los micronutrientes, vitaminas, minerales, microelementos y de los nutrientes a base de plantas necesarios para una adecuada función celular, constituye una parte importante de la reducción de la resistencia a la insulina.

La deficiencia de magnesio es una de las deficiencias de electrolitos menos diagnosticadas en la medicina moderna. De hecho, 90 por ciento de los diabéticos tipo II presentan deficiencias de este barato mineral. Desde 1976 se sabe que la falta de magnesio tiene relación con el inicio de la diabetes tipo II, aún así, pocos médicos recetan magnesio a sus pacientes diabéticos. La suplementación diaria en el rango de los 400 miligramos mejora significativamente la sensibilidad a la insulina.

Los individuos con predisposición a la diabetes adulta también pueden presentar deficiencias de otros micronutrientes importantes, incluyendo cromo, vanadio, zinc y una variedad de antioxidantes importantes. Asimismo, estos individuos frecuentemente presentan deficiencias de proteína dietaria y un desequilibrio general en la relación proteínas-carbohidratos. Esto probablemente es resultado de patrones alimenticios que favorecen el consumo excesivo de grasas dietarias y de alimentos con un alto índice glucémico que se descomponen rápidamente en azúcares simples, causando un rápido aumento del nivel de azúcar en la sangre.

Otros elementos nutricionales efectivos para mitigar los síntomas de resistencia a la insulina y la diabetes de la edad adulta incluyen la vitamina E, vitamina C, vitamina K, beta caroteno, ácido alfa lípoico, aceite de linaza, vitamina B3, vitamina B6, vitamina B12, biotina, manganeso, cobre, vanadio y zinc. El cromo es un sensibilizador a la insulina particularmente potente, y es componente clave de la capacidad del cuerpo para regular los azúcares de la sangre; sin embargo, es interesante observar que 90 por ciento de la población de los Estados Unidos no consume ni siquiera la dosis diaria mínima recomendada de este importante mineral.

La prevención de esta enfermedad es lo primero y lo más importante. Ahora sabemos que gran parte del daño inicial causado por altos niveles de azúcar en la sangre ocurre mediante la oxidación de las grasas para formar peróxidos lípidos tóxicos. Varios estudios realizados recientemente muestran que la vitamina E, antioxidante soluble en grasas, es un potente agente protector contra este daño. Experimentos clínicos han demostrado que la suplementación sólo con vitamina E provoca una notable mejoría de la acción de la insulina y una reducción en los niveles de azúcar en la sangre y de estrés oxidativo.

La reducción del azúcar en la sangre y la prevención de la peroxidación de los lípidos proporcionan una protección adicional contra el inicio de enfermedades del corazón, comunes en los pacientes diabéticos. Las grasas y los azúcares son poderosos protagonistas de los radicales libres, de manera que es importante reducir su presencia en nuestra dieta y en nuestro cuerpo. La clave para la prevención de la diabetes tipo II radica en la combinación de varios factores, incluyendo una dieta con un bajo índice glucémico fortificada con ácidos grasos esenciales, una suplementación nutricional enfocada a mejorar la sensibilidad a la insulina, una mayor protección antioxidante y ejercicio regular. Esta es una estrategia sensata que obra maravillas a medida que nos ayuda a perder peso.

Guia comparativa de suplementos nutricionales
Lyle MacWilliam, Bsc, MSc, FP
Northern Dimensions Publishing
Págs. 15-18

 
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